Ahora debo considerar como los sabios del futuro describirán esta histórica noche. Mucho tiempo después de que el Sol se retirase a su lecho, oscureciendo las puertas y ventanas de la Mancha, Don Quijote con paso decidido y firme expresión en su rostro veló armas en el patio de un magnífico castillo. ¡Oh! torpe fabulador de vacías vanaglorias, ésta, de todas las noches, es la menos venturosa para dar rienda suelta a la vanidad. ¡No!, Don Quijote, ¡No! inhala un aliento de vida y considera como debes vivirla, no pidas nada para tí sino para tu alma, ama no lo que eres sino aquéllo en lo que te puedes llegar a convertir, no busques el placer, pues podrías caer en el infortunio de encontrarlo en demasía, mira siempre adelante. En los nidos de antaño no hay pájaros de hogar. Se caval con los hombres, se cortés con las mujeres. Vive con la imagen de aquélla que alienta y justifica todas tus proezas. Vive por Dulcinea.